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Suerte: De fortunas y desgracias

Hoy les voy a hablar sobre uno de los temas más recurrentes en mis pensamientos: la suerte
¿Existe la suerte? ¿La hay buena y la hay mala? ¿Y si existe... qué es la suerte?
Lo cierto es que no hago más que darle vueltas, y constantemente encuentro argumentos para justificar su existencia y su inexistencia. Vamos, ¡que no hago más que contradecirme y me estoy volviendo loco!

Soy un tipo muy optimista. Suelo encontrarle el lado positivo a casi todo, y suelo mirar más allá para acordarme de que las cosas malas también pasan y quedan atrás. Siempre me he considerado afortunado (ya empezamos...) por todo lo que tengo, que es mucho y es genial.

Ahora bien, todo esto que tengo y que me encanta... ¿Acaso me ha caído del cielo?

Algunas cosas sí. Por ejemplo, no he podido escoger mi familia, pero es la mejor que podría tener.
Pero la mayoría de cosas que he conseguido han sido fruto de horas de esfuerzo, de búsqueda, de charla, de tira y afloja... Está claro que no todo depende de uno mismo, pero cuando uno hace todo lo que puede hacer... ¿Es la suerte la que decide si acabo consiguiéndolo o no?

No creo que sea así.

Si al primer currículum que echo me llaman y me dan el trabajo, ¿he tenido suerte? Sí, si lo miramos desde mi punto de vista. ¡Abramos el ángulo, egocéntricos!. Ese trabajo me lo han dado unos encargados de recursos humanos que se dedican a ello y lo han considerado así. No, la suerte no ha tenido nada que ver. Si lo merecía yo u otra persona es decisión de alguien, y para quién está tomando ese chance la suerte no es un factor de elección.
Si lanzo un balón a canasta desde medio campo y de espaldas, y entra a la primera, ¿he tenido suerte? No, damas y caballeros, es física. Si lo he lanzado con la fuerza exacta y en el ángulo adecuado el balón entrará, la suerte no influye.

Pero ¿y si no era mi intención hacer algo que sucede y me beneficia? ¿Y si el balón se me escapa de las manos cuando trato de pasarlo en medio de un partido, y se mete en el aro? ¿Y si el amor de mi vida decide hablarme un día en un bar o en el metro? O si topo por casualidad por la calle con mi futuro mejor amigo... El hecho de que nos hayamos encontrado es fruto de un millar de decisiones previas que han hecho que acabáramos en ese momento en ese lugar. Pero para mí ¿Acaso eso no es suerte?
Los sorteos en los cruces de eliminatorias, los juegos de azar, los dados...

Los que me conocen y creen en la suerte dicen que soy gafe. Si algo digamos... raro puede pasar, allí donde yo ande pasará. Lo he venido diciendo en las últimas publicaciones: suceden muchas cosas a mi alrededor, algunas dignas de libro (y yo jamás menciono un libro en balde). Pero también hago muchas cosas, así que es más probable que sucedan. Si existe la suerte ¿soy yo el que la busca o ella la que viene a mí?

Como veis, mi debate interno es infinito.
¿Qué opináis? 

Hoy voy a acordarme de Boris, un compañero que en poco tiempo me enseñó muchísimas cosas, un gran entrenador de baloncesto y con unos valores personales admirables. Copio aquí un texto que me pasó él hace algún tiempo y que recuerdo con mucho cariño:


“¿Quién sabe lo que es bueno y lo que es malo?”

En una aldea muy pobre vivía un hombre ya mayor con su hijo; por toda fortuna tenían un viejo caballo que utilizaban para trabajar llevando la carga de la cosecha.

Un día en el pueblo se produjo una fuerte tormenta, y con los rayos y relámpagos el caballo se asustó, se soltó de sus ataduras y escapó.
A la mañana siguiente todo el pueblo se enteró de la noticias, se acercaron a él y le transmitieron su pesar.
- ¡Qué pena hombre! Ahora ¿cómo podrás arreglártelas sin el caballo para el trabajo? Ya es una fatalidad que se escapara.
El hombre con una expresión impávida dijo:
- “Quién sabe lo que es bueno y lo que es malo...”

Al día siguiente el hombre por la mañana descubrió que en la parte trasera de la casa había vuelto su caballo con otros caballos salvajes venidos del monte.
Todo el mundo se alegró en el pueblo y fueron a dar la enhorabuena al hombre diciéndole:


- Ahora serás rico, podrás vender estos caballos y así tener un campo y una casa mejor!
Y el hombre volvió a responder a las bienaventuranzas: “Quién sabe lo que es bueno y lo que es malo...”

Su hijo, que era un muchacho joven y curtido, comenzó a domar a los caballos salvajes pero con tan mala suerte que uno de los caballos lo tiró al suelo y el joven se rompió una pierna. Todos en el pueblo acudieron a ayudar a entablillar la pierna del joven.
Todos estaban apenados ya que el joven era el único apoyo que tenía el hombre mayor para realizar la doma de los nuevos caballos y volvieron a su casa diciendo: 


- Qué pena, ahora no podrás domar los caballos y encima te gastarán comida.
El hombre volvió a repetir:
“Quién sabe lo que es bueno y lo que es malo...”

De ahí a unos días llegaron al pueblo unos delegados del rey reclutando a todos los jóvenes de la aldea para que fueran a la guerra. Todos estaban horrorizados salvo el hombre mayor, ya que su hijo sería el único que no se llevarían y entonces volvió a repetir:



“Quién sabe lo que es bueno y lo que es malo..”

De tiempo, prioridades y excusas

¡Buenos días mundo!

Recientemente he empezado una nueva carrera, Psicología por la UOC. Sólo decir que estoy encantado y que me atrae el formato de estudios online... aunque lo cierto es que me lleva de culo. 
Lo he dicho más de una vez, pero es trascendente: me pasan muchas cosas. Buenas y malas, e incluso las segundas me las tomo siempre a bien, pero constantemente tengo sobresaltos, retos, accidentes y nuevas experiencias. Tengo infinitas cosas pendientes que se amontonan en eternas listas que nunca termino de tachar, ¡a la que me pongo con alguna me surgen tres más!

Pero ¿sabéis qué? Me encanta. Adoro tener constantemente nuevos objetivos, nuevos asuntos en los que pensar, nuevas personas en mi vida. Todo lo que sea sumar, meter experiencias en la mochila, vivir cada día un poco más y un poco mejor... Es genial. 

Dos carreras universitarias simultáneas por las mañanas (vale, es trampa, actualmente sólo matriculado en una), dos trabajos por las tardes, mantenimiento de un blog, escritura de una novela, intentos de creación musical, hora y media de entreno diario... ¿y tratar de mantener vida social? Sí, es posible. Voy buscando trabajo por las mañanas y aún me queda tiempo para seguir unas cuantas series por Internet, ir al cine de vez en cuando y pasar algo de tiempo con quién quiero, sacarme titulaciones de inglés, monitorazgo...Y duermo 7 horas diarias. 

Eso sí, hay que priorizar. Me hace extremadamente feliz todo lo que tengo, y cada día trato de serlo un poquito más con todo lo que hago, así que el tiempo no es una excusa para mí. Todo lo que hago me apasiona, así que es muy fácil sacar un momento para algo que realmente quiero. Simplemente hay que encontrar el momento de cada cosa, dejar algunas a un lado mientras enfocas la atención en otras. De nuevo, priorizar. Hay momentos en los que nos podemos sentir mal por estar dejando de hacer algo que querríamos, pero, como se suele decir, no se puede tener todo. Aunque se puede querer todo lo que se tiene.




Así que, haceos un favor y no volváis a decir que no tenéis tiempo: sed lo suficientemente sinceros para decir en voz alta que preferís ir sin prisas a los sitios, la siesta o el facebook, antes que meter una cosa más en vuestras vidas. Hoy en día no hay lugar para las excusas.

Vístete y, como diría una amiga de mí... Fot-li


De chismes y la vida de los demás

¡Buenos días! 
Lo cierto es que hoy no he podido dormir demasiado. Me acosté a una hora razonable pero los pensamientos se amontonaban en mi cabeza, y aún no había terminado con uno que ya asomaban otros dos.
Y ¿saben qué es lo peor? Gran parte de la noche me la he pasado pensando en la vida de los demás. Y no se imaginan lo culpable que me siento porque, literalmente, ¡los cotilleos me han quitado el sueño! 

Para empezar, y sin intención de justificarme o defenderme sino a modo de definición, diré que soy una persona poco chismosa en cuanto a la vida personal del resto: no me importa demasiado quién se acuesta con quién, o con quién discutiste la semana pasada. No me interesa lo que pasó en la fiesta de la facultad del otro día, o si alguien está saliendo con otro veinte años menor. No quiero saber nada de lo que llamaríamos la prensa rosa de los que me rodean (mucho menos de los famosos). 

Pero como he dicho tantas veces estoy en la constante búsqueda del conocimiento. Y si quiero aprender de una persona, ¿qué mejor que aprender de su experiencia? Así que hay ciertos detalles de la vida de los demás que sí me interesan: me gusta conocer las circustancias personales de las personas. Saber si un joven vive solo o con sus padres, si una persona ha vivido o trabajado fuera, si conduce frecuentemente o la duración de las relaciones que haya tenido. 
En definitiva, saber lo que le ha llevado a su situación actual y a forjar su carácter, ver hacia donde han llevado a esa persona los pasos que ha ido dando y cómo ha influido su entorno, me ayudarán con mi propia experiencia. ¡He estado horas dándole vueltas!
No sé qué les estará pasando por la cabeza a los lectores al leer esto. Yo mismo lo veo y soy capaz de interpretarlo de muchas formas distintas, así que avanzaré con la reflexión y ya veremos hacia dónde me lleva...

Voy a empezar ramificando: no hablo de conocer a alguien, eso lo dejo para la siguiente publicación de esta semana. Quiero centrarme en el chisme, en aquello que me impulsa a preguntar sobre la vida del otro o a ir contándola a los demás. 

¿Saben? Creo que es algo innato en el ser humano cotillear, en el sentido de pasar información a los demás. Es un modo de supervivencia animal, un detalle más de la evolución. Si a mí me llega información sobre un entrenador que ha salido mal de todos los clubs en los que ha estado, no le voy a dar un equipo en el mío. Si sabes que ese chico ha sido infiel a sus anteriores parejas, probablemente no te plantees salir con él. Si todas las reseñas que tenemos sobre un restaurante son malas, escogeremos otro sitio para ir a cenar. En definitiva, considero que basamos gran parte de nuestras decisiones e interacciones humanas en lo que sabemos de los demás, y mucho de lo que sabemos es gracias a los chismes.
El cotilleo cumple además otra función: trataremos de menospreciar o degradar a otra persona blandiendo chismes arriba y abajo cuando no esa persona no nos guste o no nos convenga, mientras que iremos contando hazañas y proezas de aquellos que nos aporten algún beneficio o nos plazcan más.
Hablar de los demás sea, quizás, nuestro más poderoso escudo para defendernos y nuestra arma más mordaz para herir al otro. Por ejemplo, hoy en día todos hablamos mal del actual gobierno con la clara intención de que dejen el cargo, así como hablamos maravillas del equipo de fútbol con el que nos identificamos para ensalzarnos y quedar por encima del rival.

Voy a concluir con lo que sea posiblemente una contradicción: los chismorreos son inevitables y necesarios para el ser humano, pero traten de evitar contármelos a mí si no les he preguntado. Como verán en la siguiente entrada, por mi parte trataré de conocer a las personas por otros medios...




De complejos

Todos tenemos complejos. No nos vemos como querríamos, no nos gusta algo de lo que nos devuelve el espejo o no estamos cómodos con nuestra forma de pensar o de hacer. No hay nada malo en ello... ¿o sí? ¿Nos hemos parado a pensar en cómo actuamos verso a los demás debido a nuestro propio complejo? A menudo somos injustos con los que nos rodean. ¿Que no? Os pondré algunos ejemplos:

-Claudia es una chica bajita y con algún quilo más de los que marcan los absurdos cánones actuales. Aún así mantiene su atractivo con la seguridad que transmite en su forma de andar y de hablar o la forma en la que domina los espacios por donde pasa, de modo que todo el mundo nota cuando está alrededor. Es una chica inteligente y muy espabilada, de rápido aprendizaje, una persona pilla y sagaz aunque educada. Podría decirse que, en general, consigue aquello que se propone. 
Pero tiene sus complejos. Ella no los reconocerá jamás, puede que ni siquiera sepa que los tiene. La mayoría de gente a su alrededor tampoco se darán cuenta. Pero los tiene, y pueden verse en el trato con las personas: A su manera, siempre correcta y cariñosa, Claudia intentará quedar por encima de ti. Sin maldad alguna, es probable que busque algún aliado y lo mantenga cerca durante un tiempo para sentirse apoyada, para tener siempre un compinche por si hay que hacer alguna treta. Quizá no sea consciente de todo esto, sin duda no es su intención ofender a nadie. Pero algo dentro de ella la obliga a reafirmarse, a demostrarse a sí misma que está por encima, sin necesidad de que lo vean los demás. 
Sin darse cuenta quizá esté pisando a otros. Tal vez aquellos más cercanos, que comparten sus vidas con ella, no sepan a qué es debido. ¡Claudia es una chica muy segura!
O no...
("Pocas cosas hay más peligrosas que alguien que tenga un complejo y a la vez disfrute de una gran seguridad" Woody Allen)

- Marcos es un tipo alto y guapo, fibrado aunque no musculoso. Una persona un tanto reservada en el primer contacto, aunque de carácter bien definido y digno de toda confianza. Un chico estudioso y responsable, muy cercano a sus allegados, el hijo que toda mamá desearía tener, y sin duda el mejor amigo. 
Pero algo le pasa por la cabeza en determinadas situaciones, y Marcos empequeñece. Recoge su cuerpo, baja la mirada y encoge los hombros. Habla en voz más baja, casi en susurros, y desaparece. Poco a poco sale de la conversación o se hace a un lado allá donde esté. En su interior algo le hace sentir inferior al resto. Todo el mundo confía en él, menos Marcos. Y quizá esté fallando a la confianza de los demás, sin duda muchos tienen esperanzas en sus posibilidades, que le ayudarán a él y también a los que le rodean... por su temor a ser grande.

Hay una pequeña parte de nuestra mente arrinconada y encadenada, ansiosa por liberarse... Pero en vez de ir a visitar esa oscuridad para iluminarla y espantar nuestros temores infundados, nos empecinamos en ponerle guardias en la entrada para que nadie pueda acceder, ni tan siquiera nosotros mismos. Esos centinelas estarán siempre atentos, aunque la información recorra los extremos opuestos de nuestra mente ellos permanecerán en tensión. Mas nosotros, queridos amigos, no controlamos las fronteras de nuestros complejos. Las barreras que tratamos de poner son impredecibles, pudiendo actuar de forma violenta cuando alguien trata de acercarse a ellas: damos malas contestaciones, soltamos comentarios ofensivos o tiramos de sarcasmos para salir del paso, y según lo grande que sea nuestra recóndita cueva de los complejos, incluso actuamos de forma física. 
Pero hoy me he venido a referir a la otra posible reacción de nuestras barreras. No siempre los guardias atacan al visitante, sino que a veces escuchan lo que les dice y lo creen, y se vuelven en nuestra contra. Nuestras propias fronteras atacan nuestra mente. Nos hacemos daño a nosotros mismos... 

Y eso, amigos, es peligroso para uno mismo, pero como veis puede ser también muy dañino para los que nos rodean.