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Mala no. Imbécil, que no es lo mismo

Estas significativas palabras las he escuchado hoy entre susurros en la biblioteca de la Facultad y me han dejado pensando un rato, el resultado de lo cual son estas líneas que siguen.

A bote pronto todos seríamos capaces de diferenciar algo o alguien malo de alguien (o algo en algunos casos) imbécil. Diríamos que fumar es algo malo o que el Capitán Garfio es alguien malo; diríamos también que George Bush es imbécil o incluso el Pato Donald lo es (¿o acaso no os habéis fijado en que siempre va sin pantalones y con el culo al aire, pero sin embargo cuando sale de la ducha lleva una toalla?).

Pero solemos hacer mal uso de ambas palabras, confundiéndolas en ocasiones y utilizando una en el lugar que correspondería por decreto a la otra, me explico:
El mal viene dado por una determinación moral, una intención, una maquinaria bien engrasada en la azotea sólo que dedicada a la tarea equivocada.
El imbécil en cambio no se para a pensar ni a razonar. Actúa por instinto, como bestia de establo, orgulloso de ir jodiendo, con perdón, a todo el que se le antoja.

Quizás en nuestro mundo sea necesaria más gente mala de verdad y menos cazurros limítrofes.


Nota: Quisiera pedir mis más sentidas disculpas a Donald, él y los que me conocen saben cuánto adoro al mundo de Disney y a sus personajes.

Groserías

Siguiendo de alguna forma el hilo de la entrada anterior, dedicaré hoy estas vagas líneas a deambular por el intrincado camino de la expresión de impresiones, acaso esto tenga algún sentido.
Impresiones tales como el entusiasmo.

Entusiasmo es cuando mostramos ostensiblemente nuestra sensación de alegría o de excitación por algo, es decir, cuando estamos exteriorizando esa sensación de furor.
Acostumbramos a exagerar, lo cual hace a menudo que parezcamos burdos actores buscando desesperadamente un aplauso o un reconocimiento, o siquiera que nuestros interlocutores se unan a la fiesta, pero al fin y al cabo es algo innato y, me atrevería a notar, necesario en nuestra naturaleza.

Aún así, es quizás interesante considerar que la cosa suele funcionar a la inversa, veamos si no: Habitualmente, al darse una serie de circunstancias uno siente una sensación de alegría que se queda en eso, en satisfacción personal. Es al contarlo cuando se le da ese énfasis especial, cuando expulsamos más aire del necesario para que se nos oiga, cuando le damos esa tonicidad a cada frase que provoca aún más exaltación en uno mismo más que en la persona que nos sufre.

Así pues, creo poder afirmar que exteriorizar nuestras sensaciones es más bien convencernos a nosotros mismos que las tenemos, realzándonos incluso en ellas, más que tenerlas efectivamente.

Y, visto así… El entusiasmo es una grosería, ¿no creen?

Sensaciones a palabras

"Las cosas más importantes son siempre las más difíciles de contar. Son cosas de las que uno se avegüenza, porque las palabras las degradan. Al formular de manera verbal algo que mentalmente nos parecía ilimitado, lo reducimos a tamaño natural. Claro que eso no es todo, ¿verdad? Todo aquello que consideramos más importante está siempre demasiado cerca de nuestros sentimientos y deseos más recónditos, como marcas hacia un tesoro que los enemigos ansiaran robarnos. Y a veces hacemos revelaciones de este tipo y nos encontramos sólo con la mirada extrañada de la gente que no entiende en absoluto lo que hemos contado, ni por qué nos puede parecer tan importante como para que casi se nos quiebre la voz al contarlo..."

Tiempo Muerto

Final del tercer periodo. 16 puntos arriba en el marcador. Se inicia el último cuarto, salimos con una pájara monumental. Parcial de 0 a 10, el rival se coloca a tan sólo 6 puntos… Llega el momento clave para el entrenador: ¿Pido Tiempo Muerto?

Veamos primero qué es y para qué sirve esto a lo que llamamos Tiempo Muerto:
Cuando un entrenador pide Tiempo Muerto se concede a ambos equipos un minuto de descanso, con el reloj de partido parado, para que jugadores y entrenador analicen, corrijan, se motiven o simplemente para eso, dar descanso a los jugadores.
Ahí es donde el entrenador debe mostrar sus dotes de mando, y sobre todo de claridad de ideas y síntesis de las mismas.

Bien, sólo disponemos de un minuto, así que hay que saber qué decir, centrándonos en lo que creamos más importante. Y he aquí el primer error que cometemos todos a menudo: ¿Qué es lo más importante a corregir?
Obviamente depende de la situación, y a menudo nos equivocamos al hacer hincapié en un aspecto del juego en vez de otro, lo que como veremos más adelante suele generar dudas y confusión en los jugadores.
Segundo punto: ¿Cómo lo digo? Estoy durante un minuto en el punto de mira de los jugadores, me escuchan atentamente, y es importante hablar con el tono adecuado y las palabras correctas. Hay que corregir los errores, pero a la vez animando y motivando esas almas a seguir disfrutando y creyendo en sí mismos y en su juego.
Tercer y último punto: capacidad de sintaxis. Tengo solamente un minuto, así que además de dar pocas instrucciones y hacerlo de la forma adecuada, tengo que resumir para no dejarme nada en el tintero.
Parecía fácil, ¿eh?

Sabiendo ahora qué es y para qué sirve esta breve interrupción del juego, analicemos:
Estamos jugando en casa, ante nuestro público, en una cancha que conocemos a la perfección, y además estamos seguros del estilo de baloncesto que practicamos. De hecho, nos ha dado resultados durante los tres cuartos anteriores, pero en éste algo falla. Nos han variado su defensa, los lanzamientos no entran, cometemos faltas inocentes, hay precipitación… vemos como nos han remontado diez puntos. Todavía vamos ganando, pero nos entra miedo, tenemos una creciente sensación de inseguridad, y para colmo el contrincante tiene la moral por las nubes al ver que las cosas les salen bien y que pueden con cualquier cosa.
Como entrenador lo veo todo sin salir de mi asombro. Soy el líder de estos chicos, me seguirán donde haga falta. Debo dar ejemplo, transmitir mi serenidad y mi confianza hacia ellos y hacia lo que están haciendo. Yo tengo muy claro que no pasa nada si perdemos, esto es un juego, y lo amamos por todo lo que conlleva. También por esto. Pero no es lo que esas almas quieren oír.
Llegamos al quid: ¿Debo pedir el Tiempo Muerto?
El 90% (porcentaje no comprobado estadísticamente, vamos, que me lo he inventado) de las ocasiones así lo hacemos, porque parece lo más lógico, lo que me dicta el sentido común: así puedo comentar los errores, demuestro mi tranquilidad y los animo a seguir.
Lo que también pasa la inmensa mayoría de veces es que el propio entrenador no atina con sus comentarios, abronca, incide en demasiados aspectos a mejorar… Nadie nunca dijo fácil.

Esto provoca confusión a los chicos, que saltan a la pista sin tener muy claro qué hacer, y el resultado es de esperar. No sólo no se mejora, si no que se cometen todavía más fallos. Derrota, todos descontentos, tristes y lo peor de todo, desilusionados al creer que no han sabido poner en práctica lo que saben hacer en el deporte que aman.

Pero si tan mal sale… ¿No pido el minuto? Esto transmitiría mi confianza hacia los jugadores, les estoy dando libertad y seguridad en lo que están haciendo sin órdenes que seguir. Pero habitualmente tampoco es esto lo que consigo, sino que puedo dar la impresión de estar dando el partido por perdido, de no tener recursos que imprimir en los jugadores a los que tan bien conozco y que tan bien me conocen, los cuales tal vez necesiten de veras sentirse arropados, tan sólo durante 60 escasos segundos, por sus compañeros, bajo la tutela y la cercana vigilancia del entrenador.

Difícil elección. En realidad, se pida el recurrente Tiempo Muerto o no, hay que tener muy claro qué pretendo conseguir y cuál es la mejor forma de hacerlo. Es probable que me equivoque haga lo que haga, mas de una forma u otra debo afrontar la situación.

Supongo que vosotros, mis perspicaces lectores, habréis dado buena cuenta de las similitudes de esta común situación de este común deporte con los baches que se nos presentan a diario en la calle.
Ahora, cuando se nos acumulen las tareas y los problemas se amontonen, deberemos hacernos la pregunta: ¿Pido Tiempo Muerto?